A la entrada, a la derecha una tienda de bebidas y enfrente ¡el Banco do Brasil! consistente aquí en unos cajeros automáticos que no siempre funcionan.
Es espectacular ver como recargan los cajeros, con un gran furgón blindado y un puñado de hombres con chalecos antibala y las manos sobre sus armas.
No es prudente fotografiarlos por si acaso, pero de verdad, impresionan.
Al fondo hay más tiendas, una esteticién y además una pastelaria aunque casi nadie come allí. Un sitio como otro cualquiera para echar un refresco.