Hasta hace no muchos años el enclave de Pipa era absolutamente desconocido. Su ribera fue recaladero de traficantes y piratas y su nombre deriva de una piedra en forma de barrica (de pipa) que servía de referencia a los navegantes.
Pipa fue redescubierta a mediados del siglo XX por grupos de surfistas y posteriormente de hippies y afines, si bien hasta muy recientemente no se hizo una carretera, de manera que no era posible acceder aquí por tierra en vehículos normales, quedando solo accesible a peatones (pedestres), buguis o caballerías.
Por fin se hizo una carretera y muy recientemente se construyeron casas de obra y más recientemente todavía se pavimentaron las calles, lo que hubo de hacerse a base de adoquines simplemente echadizos ya que al tratarse de dunas es comprometido el empleo de pavimentos rígidos.
Total, que hasta hace poco, en la Prazinha, la actual Pipa Shoping, había instalada una televisión pública que los vecinos se congregaban a ver.
La Pipa de hoy tiene muy poco que ver con la de hace muy poco tiempo y menos todavía con la de dentro de pocos años. Es dificil suponer cómo y hasta donde puede llegar a evolucionar esta privilegiada zona dado su inmenso potencial en diversos órdenes.
En cuanto a la estructura social tradicional está claro que las clases más reputadas son las nativas. Ellos valoran mucho más "ser de aquí", (es decir, de Pipa; si son del pueblo de al lado no vale lo mismo), que cualquier otra circunstancia del indivíduo incluidas las económicas, y lo cierto es que la clase indígena tiene en su conjunto un enorme poder político y social. Residir aquí mucho tiempo e incluso haber tenido aquí hijos no exime de ser considerado forastero aunque excepcionalmente un forastero puede ser tan considerado como un indígena. En cambio los hijos nacidos en Pipa ya son considerados nativos.
No hay por qué preocuparse. El grupo social del que más se desconfía aquí es el de los gringos que abarca a la totalidad de los que no hablan portugués (les suponen mayor poderío económico, etc.) y aun así son extremadamente considerados con dicho grupo y el grado de confianza que conceden a cualquiera que no tenga antecedentes de embustero es sencillamente increible.
En cuanto al racismo, al menos a primera vista no lo hay. Es rara la familia de blancos que no tiene algún negro en su seno aunque es cierto que casi ningún negro admite que lo es, en todo caso admite ser mestizo. Es previsible que esta consideración cambie debido a la discriminación positiva que el Gobierno está desarrollando en favor de los negros. Hay, eso sí, un minoritario racismo inverso de algunos grupúsculos radicales negros contra los blancos, pero no parece ser significativo.
La realidad material también es aquí peculiar. Una vez abolida la esclavitud y concedido el derecho a explotar los campos, se adquiría el derecho de propiedad sobre estos por el mero hecho de cultivarlos, sin exigir siquiera que fueran cosechados. Llegado el momento en que las tierras va teniendo un valor económico significativo, los indígenas que más tierras poseen las van enajenando a cambio al principio de muy poco, se cuenta de que se han adquirido poses a cambio de un televisor, y a medida de que van teniendo consciencia de su valor, cada vez piden más, aunque los precios de este mercado primario jamás igualará los del mercado secundario dado que la adquisición de poses tiene varios inconvenientes serios con respecto a la adquisición de nienes escriturados.
La adquisición de bienes se ha dado también por parte de forasteros por medio de la usucapio. Hoy, tanto las poses y su transmisión como el usucapio están estrechamente regulados por la Ley.
Pipa. Evolución y realidad socioeconómica.
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